La comarca del **Baix Empordà** en Girona es conocida como la "Toscana catalana". Entre suaves colinas cubiertas de pinos, campos de manzanos y arrozales, emergen pueblos medievales de piedra ocre que parecen detenidos en el tiempo. Dos de sus máximos exponentes, situados a escasos 10 minutos en coche el uno del otro, son **Peratallada** y **Pals**.
1. Peratallada: La villa tallada en la roca viva
El nombre de Peratallada proviene de *pedra tallada* (piedra cortada), y al llegar entenderás perfectamente el porqué. El pueblo está rodeado por un foso defensivo espectacular excavado directamente en la roca arenisca natural. Al cruzar el portal de la Virgen, te adentrarás en un entramado de callejuelas empedradas, arcos góticos y fachadas cubiertas de buganvillas y hiedra.
2. La Plaza del Castillo y la Torre del Homenaje
El núcleo fortificado de Peratallada está dominado por su castillo-palacio (siglos XI-XIV) y su imponente Torre del Homenaje de base rectangular. La Plaza de les Voltes, con sus soportales tradicionales, es el rincón ideal para sentarse a tomar un vermut o disfrutar de un helado artesanal en un caluroso día de verano.
3. Pals: El mirador del Empordà y la Torre de les Hores
Pals se alza sobre un promontorio rocoso que domina toda la llanura aluvial del río Ter. Su recinto gótico (*El Pedró*) fue minuciosamente restaurado tras la Guerra Civil, convirtiéndolo en uno de los conjuntos históricos más hermosos de Cataluña. Su monumento más visible es la **Torre de les Hores** (Torre de las Horas), una torre románica circular de 15 metros de altura, único vestigio del antiguo castillo.
4. El Mirador de Josep Pla y los Arrozales
En el extremo más elevado del pueblo se encuentra el mirador dedicado al célebre escritor ampurdanés Josep Pla. Desde este balcón de piedra se divisa una panorámica espectacular de los campos de arroz de Pals, la playa y las islas Medes en el horizonte.
5. Gastronomía: El Arroz de Pals a la cazuela
No puedes visitar Pals sin probar su plato estrella: el **arròs de Pals a la cassola** (arroz a la cazuela). Elaborado con el arroz tradicional cultivado en los humedales locales y cocinado en cazuela de barro con carne de cerdo, pollo, sepia y verduras de la huerta, es un manjar sublime que resume la esencia del mar y montaña catalán.